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Chile, con Boric, dio un giro a la izquierda

Chile abraza una nueva izquierda en el poder. Gabriel Boric será el próximo presidente del país después de derrotar a José Antonio Kast en la segunda vuelta de las elecciones, con el 55,87% de los votos, frente al 44,13% del candidato de extrema derecha, con más del 99% escrutado.

La victoria está cargada de épica y de hitos: este domingo votaron 8,3 millones de personas, el 55% del censo nacional, el mayor porcentaje desde que el voto es voluntario (2012) y ocho puntos más que en la primera vuelta del 21 de noviembre.

Es el Mandatario más joven en la historia del país, pues cumplirá los 36 años el 11 de febrero. Cuando asuma en La Moneda, , el 11 de marzo de 2022, tendrá 36 años y un mes. El único precedente al respecto fue Ramón Freire, quien con 35 años y dos meses asumió como director supremo tras la abdicación de Bernardo O’Higgins, en 1823.

Pero el puesto de «Presidente de la República» partió recién en 1826, y hasta ahora el récord de juventud en el cargo lo ostentaba quien inauguró ese mismo puesto ese año: Manuel Blanco Encalada (36 años y tres meses de edad).

Voy a ser el presidente de todos los chilenos y chilenas, de los que votaron por mi, los que no me votaron y los que no fueron a votar», dijo Boric, descendiente de croatas y catalanes, menos de dos horas después de cerradas las mesas de votación, en un diálogo televisado con el presidente Sebastián Piñera.

«Acabo de hablar con Gabriel Boric y lo he felicitado por su gran triunfo», había escrito Kast en redes sociales media hora antes. «Desde hoy es el presidente electo de Chile y merece todo nuestro respeto y colaboración constructiva, Chile siempre está primero». Ya en un acto con sus seguidores, el candidato derrotado ampliaría sus reflexiones: «Él se merece todo nuestro respeto, ganó en muy buena lid y deseamos que tenga un muy buen gobierno. Tenemos que volver a unir a los chilenos».

Pocas horas después de la muerte de Lucía Hiriart, viuda del extinto Augusto Pinochet, a los 99 años, naufragó en las urnas la posibilidad de que renazca de sus cenizas el ideario del dictador. Kast había asegurado durante la campaña que, de vivir, Pinochet votaría por él. Después tuvo que atenuarse, pero no le alcanzó.