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Un antes y un después

Estamos iniciando un nuevo año y dejando atrás un año que sin duda alguna ha marcado un antes y un después en la historia de la humanidad.

Para muchas personas el 2020  ha marcado una diferencia en sus vidas, ha dejado un proceso de aprendizaje muy grande, nos hizo valorar aún más la vida, la libertad, nuestros seres queridos, el tiempo de calidad compartido con ellos, nos hizo más conscientes de nuestras limitaciones pero también de todas nuestras habilidades, nos hizo reencontrarnos con la fe, nos enseñó a ver en nuestro interior, en nuestro hogar, a  nuestro alrededor, visibilizamos lo invisible,  nos enseñó a ser más solidarios, a dar esperanza, a reflexionar en nuestras fortalezas y debilidades, en las de nuestra comunidad y  de nuestro país.

El 2020 pasará a la historia  como el año en que la humanidad se enfrentó a retos impensables, se detuvo la economía y nos obligó a  reinventarnos, aprendimos el significado de  la palabra  austeridad.

Muchas familias se han enfrentado a las ausencias de su seres queridos y otros vivieron el dolor de su partida, enseñándonos el valor de un abrazo, un beso, y  un te quiero a tiempo.

Aprendimos a sonreír con los ojos porque los tapabocas cubrieron nuestras sonrisas, algunos nos comunicamos desde la virtualidad, pero otros  tuvieron que afrontar la pandemia desde la soledad y valoraron aún más aquellos  familiares y amigos que les hicieron sentirse acompañados con una llamada o un mensaje que marcó la diferencia.

Han sido meses y meses de aprendizaje pero aún queda mucho  que aprender sobre conciencia social, corresponsabilidad, solidaridad, priorizar la familia,  el valor de nuestros adultos mayores, de  personas que en nuestro entorno padecen enfermedades y las afrontan con resiliencia, debemos seguir en esa búsqueda del yo interior que nos hace crecer y resurgir de las cenizas siempre.

Cuanto estamos añorando los abrazos que se volvieron prohibidos, ver los rostros descubiertos y apreciar su verdadera belleza,  reunirnos en familia  y sentir el calor de hogar,  ver aquellos amigos que demostraron que lo son de verdad,

Siento que Dios nos ha hablado y fuerte, solo debemos escucharlo…

Yo termino el año extrañando a  aquellos a los que ya nunca más volveré a ver porque han partido, pero dando gracias a DIOS por un año en el que valoré aún más la vida, en  el que compartí tiempo de calidad con mi madre,  en el que  pude transformar dolor en esperanza.

A todos ustedes solo puedo desearles un nuevo  año de grandes bendiciones  y de mucha  ESPERANZA VIVA.

NURY ESPERANZA VILLALBA SUÁREZ