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EL RESULTADO DE LA PANDEMIA DEPENDE DE NOSOTROS

La vida nos dio un vuelco, una situación tan desoladora y desconcertante  que quizá pensábamos solo podría verse en las películas. Era un tema que muy en el fondo, olvidado en el subconsciente, sabíamos que podría pasar pero siempre pensamos que no íbamos a estar ahí para atestiguar esta suerte de escenario apocalíptico. Bueno, como ya es más que evidente, la vida nos mostró que sí, nos enseñó lo débiles que somos en el mundo, que a pesar de creernos fuertes y poderosos somos una especie débil que palidece ante su propia irresponsabilidad  porque somos tan ambiciosos que buscamos alcanzar demasiadas cosas sin considerar consecuencias, engañados por la falsa sensación de seguridad  que nos da la voracidad con la que el mundo contemporáneo avanza y que nos hace insignificantes ya que todos los riesgos los tomamos a costa de nuestra propia existencia.

El 2020 fue un año particularmente difícil, la zozobra, incertidumbre y la angustia permanentes de un posible fin del mundo, o al menos de un cambio tan impactante en la sociedad mundial, afectaron enormemente a una generación completa o al menos a esos que se tomaron en serio la amenaza de una aparentemente inofensiva gripa pero que demostró ser tan letal como muchos de los conflictos modernos. Las calles solitarias, las industrias detenidas al borde de la desaparición, los parques infantiles abandonados y las autoridades abrumadas por su propia corrupción, son solo algunos de los ejemplos más llamativos de esta tormenta pandémica. El 2020 reveló un mundo que no conocíamos, un mundo temeroso y a veces ingenuo que demostró ser bastante reacio al cambio a pesar de la gran cantidad de información circulando. Nos permitió también ver las ciudades sin esa plaga destructora, insaciable e imprudente que llamamos ´ser humano’. Con su ausencia vimos especies que creíamos extintas, animales que se habían ocultado de nuestra ensordecedora presencia, volvieron para recuperar momentáneamente los espacios que ocupamos con nuestras calles y ciudades.

En estas ciudades, voces de aliento y canciones levantaron el ánimo de las familias mientras afuera el silencio se adueñaba de las calles. A pesar de todo esto, resistiendo incansables, los médicos, enfermeras y personal hospitalario se erigieron imponentes en la primera línea contra el virus, la cual, lamentablemente estaba engrosada por la irresponsabilidad de muchos quienes eligieron no creer en  una amenaza tan real como lo ha sido el COVID19. Esos héroes, miembros del personal hospitalario, fueron vanagloriados y exaltados por su entrega a pesar de que alrededor de ellos también abundaban las crisis familiares, económicas, escasez de alimentos y obviamente, el riesgo mismo de infectarse en cumplimiento de su deber.

El cese completo de la economía, las industrias, el turismo, las actividades de los gobiernos y una crisis global jamás vista, causaron cantidades alarmantes de desempleos día a día, empresas cerradas y muchas afectaciones que ni siquiera imaginamos y de las que sabremos en unos años cuando por fin el impacto pueda ser medido efectivamente. Por ahora y luego de conocer el comportamiento del virus, conociendo un poco cómo llegó a cada región, conociendo quizá su debilidad o la manera de enfrentarlo, estrategias como camas UCI, ventiladores, pico y cédula, entre muchas otras medidas, nos ayudarán a superarlo. Los gobiernos empezaron a buscar alternativas para hallar una nueva normalidad, una apertura de la economía buscando que esas familias vulnerables empezaran a llevar su sustento, a que los dineros se movieran generando una economía circular que permitiera el acceso a ese mínimo vital de las personas, generación de empleo, educación, deporte, turismo, etc. La tecnología jugó de la mano de las naciones y nos obligó a valorarla y a ver en ella esa opción de poder salir adelante y sacar ese talento que no conocíamos.

Pero luego pasa algo muy lamentable, ese afán de buscar una nueva normalidad, con los protocolos de bioseguridad, del cuidado personal y demás para que todo pudiera seguir fluyendo, llevó a una consecuencia quizá fatal. Apareció,  y sigue creciendo, un relajamiento social inimaginable y reprochable en el que las personas no se cuidaran, a que los sistemas de salud colapsaran y a que las cifras de contagiados  llegaron a 2.015.485 casos  de contagios en Colombia, recuperados 1.832.168, activos 126.288 y la cifra más triste, según el Ministerio de Salud, 51.347 MUERTES al 25  de enero de 2021.

 Fuente/ https://sig.sispro.gov.co/SituacionCovid/

51.347 muertes a nivel nacional, en Medellín, nuestra realidad es 177.666 contagiados en el transcurso de la pandemia, activos 3.678 y muertes 3.076.

Fuente/    http://medata.gov.co/medell%C3%ADn-en-cifras/covid-19-medell%C3%ADn

Es lamentable que al parecer somos indolentes con esas muertes, no nos afectan porque no son nuestros muertos a los que hay que llorar, son los de otras familias que perdieron sus padres, hijos, hermanos, esposos, amigos y no solo esos sino los que faltan por morir. El Covid aún existe, la pandemia no se ha ido y no sabemos quién sigue en esa lista roja de personas que pareciera que solo sirven para engrosar las listas deshumanizadas de fallecidos. Estamos arriesgando a nuestros adultos vulnerables esperando a que sean otros los infectados hasta que la cruel realidad de un virus que todavía no entendemos completamente, toque a nuestra puerta. Circula en redes una reflexión que dice “Si fuera al revés, si el virus fuera más letal en los jóvenes, los padres y abuelos no dudarían 1 minuto en protegerlos”. Cada día vemos más conocidos enfermos, como un campo de batalla donde las trincheras se acercan cada vez más a nuestra burbuja de aparente seguridad en la que el virus ha sido tan astuto que podemos tenerlo y no sentirlo con lo que podemos contagiar a aquellos seres queridos que sí han tomado todas las precauciones.

En  conclusión, independiente de lo que digan nuestros gobernantes, nuestros líderes y lideresas, es mejor cuidarnos y cuidar a nuestros familiares y amigos. Es tiempo de prudencia, templanza y precaución. El covid-19 no se ha ido y seguirá con nosotros un buen tiempo.

Edimer Felipe Graciano

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