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COLUMNA/ Empoderando vidas

Grito desesperado

Siento  que los escritos de los médicos estos días, es sin duda un grito desesperado ante una actitud indolente y ojo! no empecemos a señalarnos los unos a los otros, porque aquí TODOS tenemos un pedacito de responsabilidad.

Un ejemplo de ello es cuando se pone  mal el tapabocas, se indica que está mal puesto  y la respuesta es  “así me lo pongo yo y no me ha pasado nada”  o cuando directamente no se usa porque “fastidia” pero más fastidia un tubo para poder respirar o  cuando se baja el tapabocas del rostro para hablar por celular en un sitio público “es que así se habla mejor” o cuando se sientan sin tapabocas en cafeterías por horas sin el  distanciamiento requerido o cuando se hacen filas con cero distanciamiento y en el momento que se reclama esa distancia, se contesta con agresividad “si no lo gusta quítese”.

Cuando se incumple con el aforo de los ascensores  y  dicen “unito más no mata a nadie”, cuando se bajan los tapabocas en los ascensores y “se molestan” porque se les recuerda que es un sitio que comparten todos los habitantes del  edificio, cuando se hacen reuniones familiares y se nos olvida que todos podemos estar potencialmente infectados y que existen los “ASINTOMÁTICOS” QUE TAMBIÉN CONTAGIAN y ese contagio podría terminar matando a cualquiera de nuestra familia, pero nos escudamos en “es que nosotros nos cuidamos”,  sin pensar en cuantos contactos hemos tenido con gente que no se cuida.

Pero no solo las familias hacen fiestas también las hacen todos aquellos que se las dan de trasgresores y lo celebran, les parece la última coca cola del desierto y fría, pero en pocas semanas estarán ellos o sus familias en la búsqueda desesperada  de una UCI o un ECMO, porque déjenme decirles señores, que para eso  también hay que hacer cola!!  y hay un comité que escoge quien sí y quien no para ingresar a UCI,  pues no hay cama para tanta gente y usted podría ser de los que no, así que cuídese y cuide a los suyos!!, el tiempo de hacer fiestas habría llegado desde hace rato si la conciencia colectiva fuera otra, Martin Luther King decía “siempre es el momento  apropiado para hacer lo correcto” es simple lo que tenemos que hacer para cuidarnos entre todos ¿entonces porque no hacer lo correcto?

En cuanto a las movilizaciones reclamar un derecho es un derecho, lo que no es un derecho es romper las normas epidemiológicas poniendo en riesgo a los demás marchantes, sus familias y comunidad, tampoco se esperaría violencia de ningún tipo  de ninguna de las partes,  pero estamos  tan politizados  y enceguecidos por el odio en el país,  que se nos olvidó el sentido de comunidad, de solidaridad, de responsabilidad, se nos olvidó el respeto al otro por sus ideas, podemos pensar diferente, lo que no podemos hacer es odiarnos por pensar distinto y esto es sencillamente devastador.

Cuando los médicos, enfermeras y grupo de salud  empieza a gritar BASTA YA, cuando son agredidas las misiones médicas, cuando se impide que los medicamentos e insumos lleguen para los enfermos COVID y no COVID que además podrían ser nuestros seres más queridos ¿NO CREEN QUE  ES TIEMPO DE TOMAR CONCIENCIA?  y bajarnos de esta rueda de hámster en que se subió el país y que está costando cientos de vidas, MÁS DE 500 VIDAS DIARIAS,  pero aquí cada quien tira para su lado, pedimos igualdad, equidad  y no somos capaces de respetarnos los unos a los otros, yo nunca pensé ver a mi Colombia así y duele, duele mucho, duele  ver cómo nos destruimos los unos a los otros, porque no queremos ver más allá de nuestras narices, no pensé que los colombianos tuviéramos tal capacidad de odio,  donde se politiza todo, absolutamente todo, el odio impera sobre el bienestar colectivo.

Actuablemente hay familias, amigo, vecinos, compañeros de trabajo, divididos porque no somos capaces de respetar el pensamiento del otro sin agredirlo, para opinar  primero se tiene que ofender con cuanta palabra soez se encuentra o agredir físicamente,  porque los argumentos valederos y de peso están ausentes y es más fácil agredir que debatir con argumentos, siempre se alza la voz y se recrimina  antes que escucharnos.

Todos queremos equidad, igualdad,  pero no con el costo tan alto  de vidas que se ha pagado, vidas que habrían aportado mucho al país,  ¿cuánta sabiduría de nuestros  adultos mayores hemos perdido porque alguien en la familia no se cuidó cómo debía?, ¿Cuánto futuro perdimos, porque han muerto niños, adolescentes y jóvenes? a ellos también los mata el covid, ¿cuantas personas brillantes y productivas hemos perdido? Hemos perdido un total  de 92.474 vidas en Colombia por covid, a esa cifra sumemos los pacientes de otras enfermedades  que no pudieron tener tratamientos oportunos,  sumemos las víctimas de la inseguridad reinante y  las víctimas de la violencia,  pero parece que no importan….

Proclamamos derechos pero tenemos que tener claro que «Las libertades y los derechos de otros son la frontera que no puede ser traspasada cuando se ejercen los propios derechos»

Llegamos a un punto en que se normalizaron las muertes y los enfermos de COVID, a las clínicas y hospitales incluso hoteles adaptados para casos no tan graves,  no les cabe un alma más, pienso en que no existe  nada más aterrador y macabro que normalizar una situación como la que estamos viviendo,  la de más 28.000 nuevos casos por día  y  más de 500 muertes diarias, pero sigue sin importar!! Porque no solo tenemos la pandemia del COVID-19,  tenemos la pandemia de la indiferencia,  de la crueldad, de la desidia, de la negligencia, de las malas decisiones, tan malas como la de abrir  en el peor de los picos de nuestro país todos los sectores,  mientras en otros países  se toman medidas contundentes para frenar el virus,  aquí vale más la plata que la vida, se escudan en una falsa seguridad que da la vacuna  y se nos olvida que con vacuna también hay que seguirse cuidando porque no es infalible, protege, pero no evita el virus.

Toda la problemática general que se ha arrastrado por años, no solo en Colombia,  en el mundo,  nos llevó a un momento de la historia en que nos enfrentamos a nuestros peores demonios  y lo peor de todo es que  nos están ganando…

«Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos» Martin Luther King.


Cordialmente.
NURY ESPERANZA VILLALBA SUÁREZ
Directora Ejecutiva Fundación Esperanza Vivawww.fundacionesperanzaviva.blogspot.com
funesperanzaviva@yahoo.esCel 57-310 282 5020 (Colombia)