
Este domingo 31 de mayo se realizará la jornada para elegir el nuevo presidente de Colombia. De acuerdo con los datos que arrojan las encuestas, a pesar de que habrá otros candidatos como el ex alcalde y ex gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo y la exalcaldesa de Bogotá Claudia López, la decisión se centrará en otras tres candidaturas, pero ninguna de las tres lograría el porcentaje de votos para obtener una victoria rotunda el domingo.
Así, los colombianos se verían abocados a una segunda vuelta electoral, el próximo 21 de junio, con todos los costos en materia económica que ello implica, pero también con el aumento de la polarización que llevará al país a enfrentar de nuevo el dilema de si votar por un proyecto de izquierda que representa la continuidad del gobierno actual; uno de derecha moderada, que invoca la imagen del expresidente Álvaro Uribe, u otro de extrema derecha con tintes de Trump, Bukele y Milei.
«Quien gane la presidencia no podrá gobernar sin ceder poder». Con esa advertencia, Sergio Guzmán, director de Colombia Risk Analysis, describe el escenario que enfrentará el próximo presidente de Colombia, un país que se enfrenta a la dura polarización instigada por los políticos, cuya seguridad se ha venido deteriorando y con una evidente crisis fiscal.
Con la campaña entrando en su tramo final, tres candidatos concentran las mayores probabilidades de llegar al poder: Iván Cepeda, del izquierdista Pacto Histórico y heredero político de Gustavo Petro; Paloma Valencia, senadora uribista y representante de la derecha tradicional; y Abelardo de la Espriella, abogado y empresario de ultraderecha que busca capitalizar el voto de descontento.
Ninguno, sin embargo, parece cerca de ganar en primera vuelta. «Es altamente improbable que un candidato alcance 12 millones de votos», dice Guzmán. Por eso, el escenario más probable sigue siendo un balotaje, posiblemente entre Cepeda y un candidato de la derecha.
El próximo gobierno tampoco tendrá demasiado tiempo para acomodarse. «El entorno doméstico se asemeja a una policrisis y el gobierno no tendrá luna de miel, sino expectativas de mejoras inmediatas, algo que nadie puede realmente cumplir», sostiene el director de Colombia Risk Analysis.
A quien llegue a la Casa de Nariño le espera además un escenario complejo: crecimiento económico moderado, profundas desigualdades sociales y un clima político cada vez más tensionado, señala Ricardo García Duarte, politólogo y exrector de la Universidad Distrital de Bogotá.
«En Colombia no siempre coinciden el color ideológico del Gobierno y las mayorías parlamentarias», explica. Por eso, subraya, será muy necesaria «la capacidad para la construcción de consensos».
En ese contexto, el enfoque frente a la seguridad y los diálogos de paz también variaría según quién llegue al poder.
«Si gana la derecha, se espera un giro hacia la confrontación militar y el abandono de diálogos. Si gana la izquierda, tendrá un enfoque más pragmático frente a los diálogos de paz», agregó Guzmán.
Cepeda representa justamente la continuidad —aunque con ajustes— del proyecto político iniciado por Petro. El senador y defensor de derechos humanos ha participado en distintos procesos de negociación con grupos armados y promete profundizar reformas sociales impulsadas por la izquierda. Pero, según Viviana García Pinzón, investigadora bogotana del Arnold-Bergstraesser-Institut de Friburgo, enfrentaría enormes limitaciones. «El desafío para Cepeda es cómo continuar esa agenda amplia de reformas en un contexto donde las finanzas públicas están deterioradas y crece la inseguridad».
Desde la derecha tradicional, Paloma Valencia promete recuperar el legado político del expresidente Álvaro Uribe. La senadora del Centro Democrático propone endurecer la política de seguridad y revertir parte de las reformas impulsadas tanto por Petro como por el acuerdo de paz con las Farc.
Sin embargo, García Pinzón advierte que el uribismo ya no tiene la capacidad de imponer su agenda legislativa como en el pasado. «Muchas de las reformas que quiere implementar requieren una mayoría en el Congreso que hoy no tiene», sostiene.
El fenómeno más disruptivo de esta campaña es quizá Abelardo de la Espriella. El abogado y empresario, conocido por casos judiciales de gran repercusión mediática y por sus posiciones ultraconservadoras, busca capitalizar el malestar ciudadano con discursos de «mano dura», nacionalismo y defensa de la familia.
Pero su principal debilidad podría ser justamente la falta de estructura política. «No tiene una base partidaria o de movimiento social que lo respalde», señala García Pinzón, quien prevé fuertes choques entre un eventual gobierno suyo y el Congreso.
«Va a tener que hacer muchas alianzas con distintos partidos y seguramente enfrentará una oposición férrea», dice la investigadora. A eso se suma, según advirtió, el riesgo de «una creciente militarización» que «puede llevar a un escalamiento de distintas formas de violencia y conflicto».
La economía tampoco ofrece margen de error. «El próximo gobierno no podrá eludir la crisis fiscal», alerta Guzmán a DW. Según cifras de Colombia Risk Analysis, la deuda fiscal ronda el 65 por ciento del PIB y es «altamente probable» que el nuevo presidente deba lanzar «un plan económico de choque» en sus primeros 100 días, incluida una reforma tributaria.
Más allá de quién gane, los analistas coinciden en que el próximo presidente heredará un país atravesado por tensiones acumuladas: violencia persistente, desconfianza institucional, polarización política y crecientes demandas sociales. Todo ello, además, con un margen de maniobra cada vez más estrecho. El próximo mandatario no recibirá un cheque en blanco, sino un país cansado y con poca paciencia.
