Lo que se oculta tras el concepto de las ‘esposas tradicionales’: ¿un ideal de mujeres sin derechos?

El concepto de las ‘esposas tradicionales ha ido tomando fuerza entre las tendencias políticas de ultraderecha y se consolida o se difunde con fuerza en las redes sociales.

«¿Mi mayor aspiración?», pregunta una influenciadora. Ella misma responde: «Ser ama de casa llena de gozo y paz». En sus videos se la ve maquillándose antes de recibir a su marido o limpiando el inodoro con la misma expresión de felicidad.

Las llamadas ‘esposas tradicionales’ se han convertido en un fenómeno global impulsado por las redes sociales. A simple vista, podría parecer solo contenido sobre la vida en el hogar, pero los especialistas invitan a mirar más allá de esa primera impresión.

Es «una ola de influenciadoras ultraconservadoras que promueven un estilo de vida supuestamente tradicional, inspirada en una fantasía de los años cincuenta, en la que las mujeres no tenían trabajo remunerado y se dedicaban exclusivamente al trabajo doméstico, afectivo y sexual», indica la filósofa y escritora colombiana residente en Ciudad de México Catalina Ruiz-Navarro, en entrevista para DW.

El mensaje, resumen, es tan sencillo como seductor: «Si asumes un rol de género tradicional y doméstico, vas a tener paz, tranquilidad, un marido que se encargue de ti y amor».

«Tras un supuestamente inocuo regreso a los cuidados basado en una ‘elección libre’, lo que encontramos en los contenidos virtuales de las tradwives son discursos de odio que justifican el sometimiento de las mujeres a los hombres; videos supremacistas y antiinmigración, de fundamentalismo religioso, de negacionismo ante la violencia o arengas contra los derechos de la comunidadLGBTIQ+», explica a DW Sonia Herrera, profesora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), con sedes internacionales en México y Colombia.

Surgido principalmente en Estados Unidos y Europa, el fenómeno adoptó en América Latina otras formas. «Apareció el discurso de la ‘mujer de valor’, de la energía ‘femenina’ y la idea de que las mujeres estaban desreguladas porque se habían alejado de la sumisión y de lo doméstico», señala Ruiz-Navarro, directora de la publicación feminista Volcánicas.

En América Latina, las investigadoras Silvana Darré Otero y María Marta Herrera identifican perfiles de tradwives principalmente en países de Centroamérica y de la región andina. Las autoras de la publicación La esposa emprendedora: paradojas neoliberales y guerras culturales en el fenómeno tradwife latinoamericano aclaran, sin embargo, que en la región se trata de un fenómeno «marginal en términos cuantitativos».

En diálogo con este medio, explican que estos contenidos promueven un modelo de vida —un hogar sostenido por un único ingreso y una mujer dedicada exclusivamente a las tareas domésticas— que resulta imposible para gran parte de las latinoamericanas en una región atravesada por la pobreza y las desigualdades sociales.

“Además de idealizar un pasado que nunca existió, presentan el espacio doméstico como el lugar natural de realización de las mujeres e invisibilizan que ese ámbito también puede estar atravesado por relaciones de poder, desigualdades y violencia”, aseguran. Y van un paso más allá: «El fenómeno es muy útil a los movimientos reaccionarios, conservadores y religiosos de nuestra región».

“Estos proyectos neofascistas han comenzado a llegar al poder y, una vez que lo hicieron, con las redes sociales a su favor, han comenzado a quitarles derechos a las mujeres”, afirma Ruiz-Navarro. Menciona como ejemplos a Estados Unidos, Argentina, Ecuador y El Salvador. A su juicio, el feminismo «se ha vuelto el chivo expiatorio, pero también la piedra en el zapato más grande que tienen estos proyectos fascistas».

Para Ruiz-Navarro, las redes sociales son el principal vehículo para difundir estas ideas. En ese ecosistema ubica también a la llamada manosfera, la contracara masculina de las tradwives.

«Con el auge de los partidos de extrema derecha asistimos a un movimiento péndulo, de respuesta, que defiende todo lo contrario” al movimiento feminista, subraya Ana Sofía Cardenal, profesora de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC, consultada por DW.

Como muestra de ese proceso, cita un debate que hasta hace pocos años parecía “impensable”. «Ahora, en Estados Unidos se ha empezado a hablar de quitarles el voto a las mujeres. En México, eso ya lo venían planteando algunos hombres», señala.

«Lo que están haciendo es tantear si esa idea empieza a normalizarse. Es una estrategia para instalar la discusión y que, cuando existan las mayorías políticas necesarias, pueda convertirse en una realidad», advierte.

Al respecto, la investigadora de FLACSO Uruguay Silvana Darré Otero recuerda que el derecho internacional de los derechos humanos se basa en el principio de no regresividad: una vez reconocido un derecho, este no puede ser eliminado. » La idea de que las mujeres no voten es equivalente a proponer el retorno de la esclavitud», afirma.

Lejos de ser solo tendencias en redes sociales, estos fenómenos forman parte de una disputa cultural y política más amplia en un contexto de reacción contra los derechos conquistados por las mujeres, entre otros avances del feminismo.

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