España campeona, venció a Argentina 1-0, que terminó en lo suyo creando bronca

Lo llaman fútbol físico, garra y hasta lo celebran muchos comentaristas deportivos y aficionados como una gran cualidad de ciertas selecciones y jugadores del sur del continente, pero en realidad es fútbol de matones que cuenta, la mar de las veces, con complicidades arbitrales.

Y no es que en Europa y particularmente en la ahora selección campeona del mundo no hayan tenido representantes de este estilo de practicar el fútbol, pero esta vez no fue así. Esta vez ganó el fútbol. Ese que no busca el contacto con el contrario sino con la pelota. El fútbol fútbol.

Que no hay otro deporte en el mundo que, mediante la tibieza de los árbitros, permita tantos y tan malintencionados contactos con el contrario, es cierto. Pero ayer la gran final del Mundial 2026 fue un duelo tuvo muchos ingredientes pero que castigó, por fin, el juego violento y los golpes para privilegiar el toque del balón. Un duelo que terminó con tiempo extra, expulsión y gol agónico. 

España venció 1-0 a Argentina en un partido en el que el campeón vigente no logró hacer pie y tuvo que batallar contra un rival que fue dueño de la pelota, de la intención y al final, con mucho mérito, del trofeo de campeón mundial.

Es la segunda corona de los europeos y el amargo adiós de un Messi que lideró a los suyos hasta la final pero al final no pudo ganar su segundo título.  

A los 4 minutos ya avisaba España, en un toma y dame de Olmo y Yamal que solo Dibu Martínez logró cortar. Vendría una dura falta de Mac Allister contra el rubio que ni amarilla merecía y era otra dosis de esa estrategia de ‘marcar la cancha’ que tantos réditos les dio a los argentinos en la semifinal contra Inglaterra.   

A partir de ahí, vale decir, bajaba un cambio el equipo europeo, que había arrancado a puro vértigo. Yamal era la punta de lanza, ganando un par de cruces con Tagliafico, pero antes de la pausa de hidratación nadie se acordaba de los arcos.

Se adueñaba de la pelota, en todo caso, el equipo de De La Fuente aunque poco remataba: hasta los 38 se animó de nuevo Oyarzábal, un tiro directo al cuerpo de Martínez, cuando tenía pase… El dominio, ante el inclemente sol -y el consecuente cansacio- no subía al marcador.

Por fin, a los 40 minutos, recordó el árbitro que llevó las tarjetas, castigando al infaltable en las amonestaciones, Lisandro Martínez, por frenar la salida prometedora de Oyarzábal. 

Un nuevo intento, desviado y todo, tendría España a los 42, el siempre ​luchador Cucurella, en una jugada que obligó a la salida de Martínez por lesión y a la llegada del campeón Otamendi. Y antes del descanso tuvo Argentina una clara opción cuando Unai Simón se la jugó y le quitó a Julián Álvarez la opción de remate.

En el resumen, mucha posesión (51 por ciento) sin efecto de una España que desaceleró muy pronto y aguante de una Argentina que no logró encontrar a Messi con ventaja.

Scaloni salió al complemento con Paredes en vez de González y parecía prometedor, hasta que vino el susto: Baena aprovechó un robo y remató abajo para el lucimiento del Dibu Martínez. Llegó al partido Montiel (por Molina) y casi de inmediato se vistió de héroe, cuando a los 56, en un pase filtrado a Olmo, milagrosamente se le anticipó a Cucurella cuando aparecía con arco de frente para rematar. 

Desperdició España el único tiro libre que concedía Argentina en el partido y se decidía De la Fuente por Pedri y Ferrán en lugar de Fabián y Oyarzábal para evitar los penaltis y a los 63 había un efecto, el remate de Olmo que complicó al Dibu a los 63 y el cabezazo de Ferrán en el pase atrás de Yamal. El problema para los ibéricos es que todas las ocasiones creadas iban al cuerpo del portero albiceleste, que sin tener que esforzarse tanto resolvía todo. 

​Entraron Medina y Simeone y salieron De Paul y Romero, otra prueba más de la apuesta argentina de ir por el tiempo extra y, si era necesario, los penaltis. El rival, con su errática definición, le daba confianza a Scaloni para esa apuesta.

​Lo intetaban Cubarsí, Williams que ahora sí hacía volar al Dibu, y Ferrán en una defectuosa definición cuando aparecía libre y se iba acabando el tiempo regular sin que Argentina tuviera un solo acercamiento al arco rival. Insólito. Pero no era necesariamente mala señal: poco se había desgastado y tenía más ahorro para ir a un alargue. 

Pero un detalle dañó el plan de Scaloni: sobre el final del tiempo regular vino una falta descalificadora de Enzo contra Cubarsí que dejó a su equipo con diez con el tiempo extra a punto de decretarse. Vendría un tiro libre frontal de Yamal y volaba Martínez cuando iba para adentro y ya era la gran figura. Pitazo y era el alivio que anhelaba Argentina para acomodar sus piezas. 

Como se esperaba, España arreciaba su ataque y el pase de Pedri iba a la cabeza de Williams, quien hacía que el Dibu la manoteara abajo en una increíble reacción. Y venía la gran polémica y es la jugada de gol que se anuló, a los 90+5, de Williams, cuando veían una falta completamente muy discutida, que el VAR, con el colombiano Nicolás Gallo, no modificaba.

Una más tenía Merino perdonando en el cabezazo cruzado con el Dibu vencido y se calentaba el partido tras un choque de Cucurella y Simeone que no cobraban, mientras arrancaba un último envión argentino con Tagliafico agotado y los suyos pidiéndole aguantar porque no había más cambios.

​Hasta que un acto de justicia se instaló en el marcador: a los 106 minutos, el nuevo arrancón de España terminó con un cabezazo hacia atrás de Williams y una aparición letal de Ferrán para rematar desde atrás, por encima de los brazos de Martínez, el que había traído a su equipo hasta aquí con sus atajadas. ¡Golazo!

Y esta vez la reacción rápida y furiosa de los argentinos no llegó, o más bien llegó a medias. Fue una ocasión de Tagliafico en un tiro libre y poco más. Con diez y pagando el costo de tantos alargues, el corazón ya no dio más y el tiempo se agotó en favor de la causa española. 

Adiós a Messi y su legendaria marca en los Mundiales, adiós a la ilusión del bicampeonato y el aroma de hazaña. ¡Saludos al nuevo campeón del mundo! ¡Enhorabuena a una generación de oro que reina en Europa y ahora en el mundo! Fue favorito desde el día uno, más allá del tropiezo contra Cabo Verde, y el fútbol hizo justicia con su propuesta y su ambición. Es la reivindicación del fútbol de antaño, el del toque más allá del físico. ¡Aplausos al nuevo rey!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *