
La Ciudad de la Eterna Primavera, la que está rodeada por montañas y tiene en su
río el eje central de su desarrollo, es un lugar privilegiado. Esta tierra es fértil para
la agricultura, la industria, la ciencia, el arte y el emprendimiento; y cuna de
personas con temple, pasión y compromiso con todo lo que se proponen.
Es motivo de orgullo ver cómo su gente ha logrado vencer las adversidades,
sobreponerse ante los problemas y, como el Ave Fénix, renacer de sus cenizas
con más fuerza para convertirse en ejemplo mundial de resiliencia e innovación.
Esta es la ciudad de las oportunidades. Recorrer sus barrios y corregimientos es
sorprenderse de la creatividad y amabilidad de sus habitantes. Es descrestarse
con el desarrollo urbanístico y la recursividad con la que ha logrado transformar el
entorno, respetando la naturaleza y conservando la esencia que la hace única: el
amor por su tierra y el cuidado de su gente.